DEBES ENSEÑAR A TUS HIJOS A ENFRENTAR, ASUMIR Y PREPARARSE PARA LOS GOLPES DE LA VIDA

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A mediados de esta semana, me di cuenta que por mucho amor que le tenemos a nuestros hijos, hay caída y golpes que lamentablemente no podemos evitar.

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Mi departamento se inundo, yo no me di cuenta de inmediato, porque fue algo de gota a gota, no escuche nada, el que se dio cuenta fue mi hijo de 5 años, que a penas noto el agua fue a mi habitación, donde yo me encontraba fuera de órbita, gracias a los correos del trabajo.

Sebastián a penas entro a mi cuarto me dijo: _¡Mama mira! ¿qué está pasando? ¡Hay mucha agua!, yo me baje de la cama de un solo golpe, para ver qué tanta agua había y adivinen, enseguida sentí que mi pie se sumergía y que el agua me llegaba hasta los tobillos.

Al estar mi habitación en el último lugar de la casa, inmediatamente comprobé que duraría mucho tiempo sacando y secando agua.

Esta vez casi sin hablar fui a recoger cualquier cosa que estuviera en el peligro, fue una locura, Sofy mi perra, una labrador o mestiza de labrador de 25 kg (55 Lbs), que aún no reaccionaba y estaba tan impactada como nosotros, sólo miraba el agua, sin embargo de repente se dio cuenta de lo que estaba frente a ella y comenzó a correr por todo el departamento, comenzó a subirse sobre los muebles, mi cama, se subía y se bajaba, yo tratando de pararla la seguía y la llamaba, ella mientras me ignoraba y disfrutaba de aquella cosa que jamás había visto en mi casa.

Cuando iba a tomar la mano de mi hijo, porque en ese momento notaba que él estaba en peligro, la perra se lanzó hacia el, en medio de su locura y su emoción, lo lanzó en el piso, fue antes mi ojos, a mi lado, a menos de un metro. Intenté agarrarlo, pero yo también me resbalé.

De donde saque la fuerza y equilibrio en ese momento no lo sé, pero de inmediato me levante, lo levante y lo senté en mi cama a esperar, lo sobe, él estaba llorando. Sofy por su parte seguía corriendo y yo escuchaba como saltaba sobre todo, fue un desastre, la detuve, la senté. Se calmo.

Y el niño había quedado con una gran marca en su cara debido a la caída, no hubo sangre, pero si se lastimo su piel, como una quemada, yo quería llorar, estaba tan desesperada, no sabía que hacer, llame a mi esposo y lamente que la perra se comportara así, lamente no darme cuenta que la casa se inundara, lamente mi descuido y que mi niño terminará con una herida.


Mi hijo a los 5 min. reía, me decía tranquila mamá no me duele, me quedo aquí viendo tele, no te preocupes.

Después en la noche, ya el piso seco reflexione y recordé un consejo de mi papá cuando estaba pequeña, no importa cómo te caigas siempre mete las manos y protege tu cara, siempre, después te levantas y te limpias.

No fui una niña con golpes en la cara, no me partí la quijada como la mayoría de los niños, ni me saque los dientes, ni me rompí la frente, por qué siempre me protegía con mis manos.

Ese día lo comprendí, hay golpes que no le podré evitar, pero debo enseñarlo a protegerse y a salir los más airoso posible, debo enseñarle a afrontar la vida, porque no todo está planificado, los accidentes ocurren y de nosotros depende no resultar tan lastimados o con huellas imborrables en el cuerpo, cara o corazón, a veces hasta los que más queremos son quienes las provocan.

Lo de proteger su corazón si le toca solo, pero yo estaré allí para comérmelo a besos, amapacharlos y prepararle sus comidas favoritas.

Muchas Gracias por leerme, cuéntenme sus historias también estoy ansiosa esperando.

Kelly

 

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